Nos
encontramos con una isla, que tiene más de siete mil años de
historia; bueno, para ser sinceros, estamos ante un archipiélago,
que va a estar formado por tres islas, donde Malta brilla como un
cruce de caminos marítimos, en pleno Mediterráneo, por su numerosos
e importantes vestigios, llenos de historia, en el que, en algunos
casos, han logrado permanecer salvarse, de una manera casi milagrosa,
de la destrucción. Si viajamos a la isla de Malta, a lo largo del
verano, vamos a poder disfrutar de sus fiestas más tradicionales,
que son organizadas en su distintos pueblecitos, en honor a su santo
patrón. Y, es que, cada fin de semana, desde el mes de junio a
septiembre, estos “festis” van a sorprender por su espectáculo
de color, vida y pasión religiosa y musical; lleno de pólvora. Los
malteses se encargan de engalanar el exterior de sus iglesias, con
muchas luces de colores, donde se exhiben sus objetos de platas y de
oro y sacan la estatua de sus patrón, de procesión, por todo el
pueblo. Además, el ambiente se va a completar con la decoración de
las casas de los vecinos, con la ayuda de guirnaldas, banderas y
pancartas.
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