El
Iguazú, dentro de las medidas de los ríos, que nos podemos
encontrar en América Latina, es pequeño, ya que apenas mide 700
kilómetros de longitud. De manera curiosa, hay que decir que nace en
las montañas costeras, que están apenas a unos 50 kilómetros del
mar, pero se mete por el camino del oeste, por las tierras del sur de
Brasil. Un poco antes de llegar a las cataratas, parece que está
bajando sin prisas y su superficie parece, al turista, una balsa de
aceite. De repente,, se va a ensanchar, se va a dividir en dos
corrientes y se va a caer al vacío. Del lado de la tierra brasileña
enfila, de manera directa, hacia la magnífica Garganta del Diablo,
que es una herradura inmensa donde se va a concentrar toda la furia,
que tiene la naturaleza. Mientras tanto, la corriente, en la zona
argentina, se va a demorar un poco: está rodeando unos islotes antes
de llegar a precipitarse a lo largo de una serie de cascadas, que
parece interminable. Las cataratas más importantes son: Floriano,
Rivadavia, Unión, Belgrano, San Martín, Los Tres Mosqueteros,
Bossetti. .. Todas se caracterizan por ser inmensas, con un mínimo
de 60 metros de caída, y en la estación de lluvia es tal la
cantidad de agua que cae por ellas, que apenas se puede distinguir
dicho escalón intermedio. Tras la catarata, nos vamos a encontrar
que el río se va a encajonar entre barrancos y va a correr, muy
decidido, hasta unirse al Panamá, a unos 20 kilómetros más abajo.
Foto:
fuente
No hay comentarios:
Publicar un comentario